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¿Respetar las mayorías?

by en 09/07/2012

Nuevamente nuestro país se divide, se sumerge en el encono y el resentimiento; y con toda razón. Las causas son variadas y discutibles; quizás el sistema político, quizás el orden económico que subyace, quizás lucha de clases; agregue usted la explicación a posteriori o ad hoc que refiera, el problema sigue siendo el mismo.

El rechazo generalizado a la figura de Enrique Peña Nieto desembocó en movilización social; miles han salido a las calles a protestar contra él y su partido político, el viejo PRI de siempre. Durante las elecciones, estas acciones alimentaron la idea de que eran sus opositores los que orquestaron las marchas, en realidad es improbable que ningún actor político externo haya tenido un poder logístico y de convocatoria para hacerlo.

Lo anterior queda evidenciado ahora que el proceso electoral se ha consumado (aunque aún quedan impugnaciones por resolver), amplios sectores se han unido en contra de lo que llaman “un fraude” electoral o una “imposición” de Peña Nieto en la silla presidencial . Por su parte, el priísta ha desestimado a la oposición (como lo hizo toda la campaña) y se alista para tomar el poder como sea; aduciendo que “se debe respetar la voluntad popular” que lo ha elegido presidente.

Un sistema democrático elige a sus representantes mediante la voluntad del pueblo (o se supone), el problema es la constitución de los representados. Bajo las condiciones actuales del país, asolado por la violencia, con bandas organizadas de narcotraficantes que desafían al Estado y se han convertido en auténticos poderes paralelos, con la pobreza, desempleo y marginación lacerando el tejido social, no es posible hablar de una “voluntad popular” así como así, pura y objetiva.

Dicha “voluntad” no es más que una expresión maniquea del poder, en este caso de los partidos políticos, para hacerse del control de las instituciones. Cierto es que mucha gente pensante de todas las posturas políticas e ideológicas cerraron filas en torno a la candidatura de López Obrador, pero esto fue con fines pragmáticos; evitar el regreso de lo peor de nuestro sistema político a toda costa. Sin embargo la estrategia institucional parece haber fracasado: el copete rampante se impondrá como presidente.

¿Quién escogió a Peña Nieto? la respuesta parece difícil de dibujar. 

Miles de fotos y videos han irrumpido en la red para denunciar las prácticas demagógicas del PRI. Obsequios, dádivas en formas de despensas, dinero en efectivo, artículos de cocina y miles de cosas más son la nueva moneda con que el PRI quiere comprar a la gente.

No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que “está en ti si lo agarras o no y si votas por ellos o no”, en realidad esta consideración, si bien tiene buenas intenciones (sobre el individuo libre etc.) desconoce por completo las condiciones de dominación que pesan sobre quienes se ven involucrados en estas prácticas. En realidad cabría preguntar si estas personas tienen los suficiente elementos de pensamiento crítico, así como de formación política como para que un regalo de estas características no afecte su decisión…yo me atrevo a decir que no.

Y no es por menospreciar, justamente lo que trato de denunciar aquí es que este aparente triunfo del PRI se debe, justamente, a las condiciones económicas que su proyecto político (que ha tenido mucho en común con el PAN) ha planteado en la población en general.

Las condiciones básicas de empleo, salud, cultura, educación etc. no han sido resueltas por los gobiernos neoliberales sino que, por el contrario, han agudizado estas contradicciones. Es por ese motivo, que ahora les resulta fácil literalmente comprar votos para su causa; dando regalos que no solucionan ningún problema estructural de fondo, sino que simplemente ganan de manera demagógica la simpatía de personas sin criterio pero con mucha necesidad.

Pero no nos engañemos, esta cultura política se practica en todos los partidos (aunque en diferentes dimensiones), la política entonces está pasando a ser un mero cálculo monetario; una administración numérica del costo-beneficio para acceder al botín mayor; los cargos públicos. Podemos irnos olvidando de las decisiones colectivas, del asambleísmo y de la participación activa de la ciudadanía en la conducción política de los asuntos públicos.

El poder, en este caso representado por el PRI, seguirá reproduciendo el círculo entre pobreza-falta de cultura política-clientelismo mientras, por otro lado, se sigue enriqueciendo y conduciendo al país a donde le conviene.

 

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